Una de las preguntas claves que resume los retos dramáticos a los que nos enfrentamos a causa de la crisis del COVID 19 es: “Una vez lleguemos al fondo, ¿a quién deberíamos dar el último respirador: a una mujer joven o a un anciano?”. Esta pregunta se basa en dos suposiciones que son erróneas, devastadoras y ocultas. La primera, la lógica binaria de la pregunta que te lleva a creer que debes elegir solo una opción. Sin embargo, los médicos han encontrado maneras de conectar dos personas al mismo respirador en algunos hospitales. También se han adaptado equipo de buceo para salvar vidas. Es más: médicos, ingenieros, investigadores, directivos, trabajadores y voluntarios están trabajando colectivamente, sin fronteras, compartiendo conocimiento, mejores prácticas, problemas, para desarrollar ideas nuevas y encontrar soluciones comunes a un problema transnacional: el COVID19. La segunda, la pregunta de a quién hay que salvar acepta inherentemente que la vida y la muerte deben decidirse adoptando “principios” que nos ayuden a discriminar a la gente. Puedes empezar a discriminar según la edad o el género. Nada nos previene de que una mayor falta de respiradores nos obligue a discriminar según otros “principios”: “¿A quién debemos salvar, a los ricos o a los pobres?”. Los ricos tienen mayor potencial de supervivencia ya que debido a su capital pueden estar en mejor forma y con menos condiciones de salud previas. Podríamos seguir pensando así. Qué oportunidad tan fantástica que es el COVID19 para los fans de la eugenesia.

 

Otra pregunta alarmante que circula por todo el mundo es: “¿A quién debemos salvar, a la economía o a la gente?”. Para estar seguros, no podemos tener una economía sin gente, ni gente sin una economía. Debemos escapar el binario de la lógica de riqueza contra salud. Podemos salvar ambas e incluso acabar siendo mejores seres humanos. Para este fin debemos innovar, pensar de manera original, y unir nuestros esfuerzos para hallar nuevas soluciones.

 

La pregunta más importante, la que determinará el impacto global del COVID19 es: “Puede el gobierno de un país salvarse a sí mismo y esperar a que pase la tormenta y esperar tambien que el resto de países competidores colapsen?”. La globalización y la integración tienen sus beneficios y sus costos. Los países que promovieron los procesos de integración global y disfrutaron de sus beneficios parecen pensar que ahora pueden escapar o contener los efectos dominó en virtud de su fuerza, riqueza, régimen, excepcionalismo y cultura. En tiempos de crisis, se ha demostrado que recurrir a los nacionalismos económicos es cada vez más peligroso y caro que ningún otro esfuerzo coordinado u opción cooperativa. Los gobiernos todavía son oportunistas e intentan competir los unos contra los otros en vez de coordinar sus estrategias, utilizando la arena internacional y las instituciones ya establecidas. Instituciones que fueron creadas para tiempos de crisis. El COVID19 es una pandemia global transnacional, no puede ser vencida con respuestas nacionales. El COVID19 no puede determinar si esta pandemia devastará la economía y la política. Son los gobiernos los responsables de decidir si esta pandemia causará la ruina de las personas y los países o si habrá cooperación y armonía entre ellos. Eso es, si los gobiernos encontrarán o no el poder de negociar respuestas en común, apoyando a la creación de recursos comunes y promover esfuerzos coordinados.

 

Entre aquellos que viven en su mundo binario de juicios de bien y mal, de pensamientos en blanco y negro, respuestas de sí o no, hay políticos atrapados en cajas nacionales y visiones nacionalistas. Con estas viejas herramientas lo mejor que se puede hacer es aprobar una ley diciendo que el COVID19 no puede traspasar fronteras sin un visado. Los gobiernos están dejando actuar a un virus como si este tuviera su propia estrategia de dividir y conquistar. El COVID19 no tiene una estrategia. Si los seres humanos no demostramos que podemos actuar colectivamente, el virus no sólo desestabilizará nuestros sistemas sanitarios, económicos y políticos, sino que también minará el más profundo sentido de inteligencia humana, que se manifiesta en los esfuerzos de cooperación y colaboración.

 

Nosotros, las personas viviendo en la Unión Europea venimos de los 27 miembros de la UE, del Reino Unido, los Estados Unidos e Irak, Tailandia y Sudáfrica, Egipto y Perú, Rusia y Vietnam, Turquía e Irán, China y Nigeria, Filipinas y Brasil, Australia y Canadá, Japón y Colombia, India y Marruecos. . .

Nos identificamos como griegos, españoles, franceses, italianos. . .

Nos identificamos como medio alemanes/medio franceses; medio ingleses/medio italianos, medio estadounidenses/medio españoles. . .

Nacimos en los Países Bajos, pero nuestros padres son rusos. . .

Somos la tercera generación de turcos viviendo en Alemania. . .

Somos refugiados viviendo en Portugal. . .

Somos estudiantes del mundo, estudiando en los países de la Unión Europea.

Somos estudiantes estadounidenses y seguimos aquí, en la UE.

Somos estudiantes internacionales de Erasmus y seguimos aquí, en la UE.

Somos estudiantes europeos estudiando en otro país de la UE que no es en el que nacimos.

Somos estudiantes europeos estudiando en nuestro país de origen.

Somos estudiantes europeos estudiando y viviendo en China.

Somos estudiantes europeos estudiando y viviendo en Estados Unidos.

Somos estudiantes europeos estudiando y viviendo en Turquía.

Somos…

Somos los trabajadores del mundo, pensadores, cajeros, actores, limpiadores, jueces, escritores, maestros, periodistas, cantantes, abogados, directores de cine, policías, bomberos… personas transgénero, mujeres, hombres, jóvenes y ancianos que representamos lenguas, grupos étnicos y religiones mayoritarias y minoritarias… Somos de diferentes clases socioeconómicas y tenemos distintas ideologías políticas. Somos todos nosotros.

Nosostros somos todos.

 

Tenemos algunas o todas las identidades listadas arriba que se superponen y que no son mutuamente exclusivas. En tiempos de crisis se le hace creer a la gente que debe seleccionar solo una de las identidades (ciudadanía, género, religión, etnia) que le ayudará a sobrevivir lo que eventualmente se convierte en un mecanismo de selección nacional darwiniano. Esto sería la respuesta tradicional a la pregunta convencional binaria. Selección natural nacional: no en nuestro nombre, por favor. Nosotros, los ciudadanos europeos y globales viviendo en la Unión Europea, creemos que tenemos mucho más en común que las diferencias que creamos para separarnos, y creemos que podemos encontrar soluciones comunes.

 

Crecimos en un sueño europeo incompleto y en desarrollo. Los signatarios de los tratados de la UE se comprometieron a integrar las sociedades a la vez que las economías, y a repartir bienestar junto con riqueza. Se creó un mercado y una moneda común; las personas, bienes y servicios consiguieron el derecho de libre movimiento dentro de la UE. Pero todavía debemos crear una lengua en común, libre de estereotipos y rivalidades, y una visión común libre de competición y desconfianza. Con el tiempo las instituciones de la UE han evolucionado y crecido, pero todavía nos queda un largo camino por delante para crear una Unión fuerte para la gente y en nombre de la gente. El COVID19 nos obliga a repensar la integración europea de una manera que prioriza una ciudadanía común y una solidaridad social por encima de los nacionalismos políticos y económicos. Como mujeres y hombres en hospitales, en la sociedad civil, en el mercado, encontramos la energía, la generosidad y el coraje para promover nuevas ideas y salvar muchas vidas, esperamos que las mujeres y hombres en Política y Economía hagan lo mismo.

 

Nosotros, ciudadanos de la Unión Europea, pedimos al Consejo Europeo, al Parlamento Europeo, a la Comisión Europea y a los gobiernos de los estados miembros de la UE de dar un paso adelante hacia el futuro. Le pedimos a las instituciones y gobiernos europeos que estén a la altura de sus deberes, expectativas y sueños. Pedimos soluciones nuevas e instrumentos comunes para luchar contra el reto histórico impuesto por el COVID19 rompiendo las cadenas de los viejos patrones nacionalistas para una respuesta abierta y colectiva. Pedimos acción, solidaridad y responsabilidad europeas dentro y fuera de las fronteras de la UE.

 

Pedimos a los líderes de la UE que se comprometan al siguiente acuerdo:

 

Nosotros, los líderes de la Unión Europea, nos comprometemos a dejar a un lado los desacuerdos nacionales y apoyar conjuntamente en proporción con las posibilidades de cada país:

i) los retos sanitarios inmediatos impuestos por el COVID19;

ii) las profundas consecuencias sociales, económicas y financieras del COVID19;

Actuaremos conjuntamente para apoyar:

i) soluciones cooperativas en la UE con una perspectiva europea;

ii) mecanismos de coordinación en los foros internacionales e instituciones competentes;

iii) esquemas de solidaridad internacional para los países necesitados – tanto en el hemisferio norte como en el sur.

Creemos que la lucha contra el COVID19 debe llevarse a cabo simultáneamente dentro y fuera de las fronteras de la UE.

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Irene Caratelli

Irene D’Antimo

Bashir Elyas 

Miriam Ferrero

Adriana Parrotta

Dario Perotto